Una de las ciudades más opulentas y única teocracia oficial en el mundo acaba de perder a su dirigente, a causa de nada más y nada menos que una decisión personal (estoy seguro de que a su dios le haría bastante gracia). El sumo pontífice en turno ha anunciado su cansancio a un mundo que poco a poco avanza más rápido que la ciudad-estado del Vaticano.