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Carta que el Doctor Belisario Domínguez, senador por el estado de Chiapas, redactó para leer ante el Senado de la República en la que lanza una proclama contra el gobierno de Victoriano Huerta

 

 

Sr. Presidente del senado:

Por tratarse de un asunto urgentísimo para la salud de la patria, me veo obligado a prescindir de las formulas acostumbradas y suplicarle se sirva dar principio a esta sesión tomando conocimiento de este pliego y dándolo a conocer enseguida a los señores senadores. Insisto, Sr. Presidente, en que este asunto debe ser conocido en el senado en este mismo momento porque dentro de pocas horas lo conocerá el público y urge que el senado lo conozca antes que nadie.

Sres. Senadores:

Todos vosotros habéis leído con profundo interés el informe presentado por victoriano huerta el 11 del presente. Indudablemente, Señores Senadores, que lo mismo que a mi os ha llenado de indignación el cúmulo de falsedades que encierra este documento. ¿A quién se pretende engañar, señores; al Congreso de la Unión?

Vosotros, todos sus miembros son hombres ilustrados que se ocupan de la política y están al corriente de los sucesos del país, y no pueden ser engañados sobre el particular. Se pretende engañar a la nación mexicana, a esta noble patria, que confiando en vuestra honradez y en vuestro valor, ha puesto en vuestras manos sus más caros intereses.

¿Qué debe hacer en este caso la representación nacional?; corresponder a la confianza con que la patria la ha honrado, decirle la verdad y no dejarla caer en el abismo que abre sus pies.

La verdad es esta: durante el gobierno de Victoriano Huerta no solamente no se ha hecho nada en bien de la unificación del país, sino que la situación actual de la republica es infinitamente peor que antes. La revolución se ha extendido en casi todos los estados. Muchas naciones, antes buenas amigas de México, rehúsanse a reconocer su gobierno por ilegal; nuestra moneda encuéntrase despreciada en el extranjero; nuestro crédito en la agonía; la Prensa entera de la republica es amordazada o cobardemente vendida al gobierno, oculta sistemáticamente la verdad; nuestro campos abandonados; muchos pueblos arrasados, y por último, el hambre, la miseria en todas sus formas amenazan extenderse rápidamente en toda la superficie de nuestra infortunada patria.

¿A qué se debe tan triste situación? Primero, y antes que todo, a que el pueblo mexicano no puede resignarse a tener como presidente de la republica a Victoriano Huerta, al soldado que se apoderó del poder por medio de la traición y cuyo primer acto al subir a la presidencia fue asesinar cobardemente al presidente y vicepresidente legalmente ungidos por el voto popular, habiendo sido el primero de estos quien colmó de ascensos, honores y distinciones a victoriano huerta, y habiendo sido él igualmente a quien victoriano huerta juró públicamente lealtad y fidelidad inquebrantables.

Y segundo, se debe esta triste situación a los medios que victoriano huerta se ha propuesto emplear para conseguir pacificación. Esos medios ya sabéis cuales han sido; únicamente muerte y exterminio para todos los hombres, familias y pueblos que no simpatizan con el gobierno.

La paz se hará cueste lo que cueste, ha dicho Victoriano Huerta. ¿Habéis profundizado, señores senadores, lo que significan esas palabras en el criterio egoísta y feroz de Victoriano Huerta? Esas palabras significan que él está dispuesto a derramar toda la sangre mexicana; a cubrir de cadáveres todo el territorio nacional; a convertir en una inmensa ruina toda la extensión de nuestra patria con tal de que él no abandone la presidencia ni se derrame una sola gota de su sangre.

En su loco afán por conservar la presidencia, Victoriano Huerta está cometiendo una infamia; está provocando con el pueblo de los Estados Unidos de Norteamérica un conflicto internacional en el que, de llegar a resolverse por las armas, irían estoicamente a dar y a encontrar la muerte todos los mexicanos sobrevivientes a las matanzas de Victoriano Huerta. Todos, menos Victoriano Huerta y Aureliano Blanquet, porque esos desgraciados están manchados por el estigma de la traición, y el pueblo y el Ejército los repudiarán, llegado el caso.

Esa es en resumen la triste realidad. Para los espíritus débiles parece que nuestra ruina es inevitable, porque Victoriano Huerta se ha adueñado tanto del poder que para asegurar el triunfo de su candidatura a la presidencia de la república en la parodia de elecciones anunciadas para el 26 de octubre próximo, no ha vacilado en violar la soberanía de la mayor parte de los estados quitando a los gobernadores constitucionales e imponiendo gobernadores militares que se encargarán de burlar a los pueblos por medio de farsas ridículas y criminales.

Sin embargo, señores, un supremo esfuerzo puede salvarlo todo; cumpla con su deber la Representación Nacional y la patria está salvada y volverá a florecer mas grande, mas unida y más hermosa que nunca.

La representación nacional debe deponer de la Presidencia de la República a Victoriano Huerta por ser el contra él quien menos puede llevar a efecto la pacificación, supremo anhelo de todos los mexicanos.

No diréis, señores, que la tentativa es peligrosa, porque Victoriano Huerta es un soldado sanguinario y feroz, que asesina sin vacilación ni escrúpulo a todo aquel que le sirve de obstáculo. ¡No importa, señores!; la patria os exige que cumpláis con vuestro deber aún con el peligro, y aún con la seguridad de perder la existencia. Si en vuestra ansiedad por volver a ver reinar la paz en la república. Hoy que veis claramente que este hombre es un impostor inepto y malvado que lleva a la patria con toda velocidad hacia la ruina, ¿dejaréis por temor a la muerte que continúe en el poder?

Penetrad en vosotros mismo, señores, y resolved esta pregunta: ¿Qué se diría de la tripulación de un grato navío que en la más violenta tempestad y en un mar proceloso, nombrara piloto a un carnicero que sin ningún conocimiento náutico navegara por primera vez y no tuviera más recomendación que la de haber traicionado y asesinado al capitán del barco?.

Vuestro deber es imprescindible, señores, y la patria espera de vosotros que sabréis cumplirlo.

Cumpliendo ese primer deber, será fácil a la Representación Nacional las éticas que de él se derivan, solicitando enseguida de todos los jefes revolucionarios que cesen toda hostilidad y nombren un delegado para que de común acuerdo elijan al presidente que debe convocar a elecciones presidenciales cuidando que éstas se efectúen con toda legalidad.

El mundo está pendiente de vosotros, señores miembros del congreso Nacional Mexicano y la Patria espera que la honraréis ante el mundo evitándole la vergüenza de tener por primer mandatario a un traidor y asesino.

 

Doctor Belisario Domínguez

Senador por el estado de Chiapas

 


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