Alrededor de 500 mil jóvenes no pudieron obtener un lugar en las universidades públicas, por razones distintas.
Estoy totalmente de acuerdo en que hace falta la creación de más planteles educativos, en tener maestros capacitados que otorguen educación de mayor calidad, que haya repercusiones para los malos maestros y aumentar la matrícula en la educación superior como lo demandan miles de jóvenes en el país.
Consciente de las limitantes que existen para poder desarrollar una educación y una vida digna, tenemos que situarnos en la realidad, y es que actualmente hay 112 millones 300 mil jóvenes en México que fluctúan entre los 15 y 29 años de edad; o sea es el 26.4% de la población total, según el INEGI.
Cientos de rechazados de las universidades han optado por manifestarse, realizar marchas o plantones. Sin embargo, hablando de la vida real, todos ellos sabían que hay pocos lugares y mucha demanda para poder ingresar a la educación superior, por lo que hubieran estudiado –de verdad- durante los tres años de preparatoria, se hubieran preparado meses antes de presentar su examen de ingreso.
Si sabían que su única opción es la escuela pública, y las pocas oportunidades que brinda el Estado, había que prepararse.
Muchos de los que protestan ni siquiera alcanzaron un nivel alto de reactivos. La escuela superior debería ser un derecho, pero desgraciadamente en nuestro país no hay de otra: o le macheteas o te quedas fuera. La universidad en México es para los mejores, si estudias un mes ó tres días antes de tu examen, por favor ni vayas a esas marchas, realmente no merecías un lugar.
La escuela y el trabajo no son para todos, algunos andan en las protestas y marchas con promedio de seis o siete. Sí, muchos dirán que su promedio no es el mejor porque estudiaban y trabajaban pero no son los únicos, muchos jóvenes mexicanos estudian y trabajan, y aún así lograron un lugar. Desgraciadamente, así es la realidad.
Lo ideal es que haya más planteles, mejor calidad, tener becas que realmente ayuden a los estudiantes, y programas que motiven a 112 millones 300 mil habitantes a pensar en su futuro y superarse. Muchos de los rechazados, buscarán un empleo que tampoco hay, y si encuentran una vacante, se quedaran los más esforzados y los mejor preparados o -más crudo- los que aceptan un empleo mal pagado porque, desgraciadamente, no pudieron estudiar.
Por último, quiero felicitar a todos aquellos que obtuvieron un lugar en la universidad, es de reconocer su esfuerzo ante tanta competencia y espero que como estudiantes y profesionistas, nos ayuden a construir un México más consciente y mejor.
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